Hay alrededor de los informes de gobierno cierto carácter festivo. De alguna manera la autoridad y los equipos de trabajo que se han aplicado al servicio en la administración pública celebran las metas alcanzadas que se exponen a la sociedad, y por supuesto al Congreso que la representa.
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En el caso específico de nuestra in(di)gestión cultural -ese complejo trastorno público que hemos padecido los tamaulipecos en medio de severas crisis- ha ido menguando su cuadro crítico. No han sido tiempos sencillos. Un Tamaulipas abatido, en desconcierto, comenzó un rumbo distinto hace apenas dos años…
En este primer tercio de ejercicio político, hay algunos logros que se asoman en materia cultural. Menciono dos como ejemplo: la continuidad y diversificación del Festival Internacional Tamaulipas y el rompimiento del ayuno editorial que mantenía al Estado en la inanición de sus propias voces.

Hay esfuerzo, buenas intenciones y aún más de la mitad del camino para concretar el proyecto de esta administración. El desafío de una efectiva política cultural, consiste en afianzar el desarrollo propiciando condiciones para que las propuestas y manifestaciones surgidas de la comunidad fluyan de forma independiente, de tal manera que el desempeño público en esta área tenga más que ver con la regulación y el estímulo que con la organización de los propios eventos.
El compromiso sigue vigente, es un hecho, y no debemos olvidar que toda política cultural cobra sentido sólo cuando contribuye a establecer una sociedad más tolerante, equilibrada, crítica, cohesionada, propositiva y sobre todo más justa. Ese es el camino.
Columna
publicada en el periódico Expreso de Cd. Victoria y La Razón de Tampico,
Tamaulipas.
Portales
electrónicos: Gaceta.mx y La Región Tamaulipas.
Publicado el 29 de noviembre, 2012.