sábado, 28 de noviembre de 2009
Campeona
domingo, 22 de noviembre de 2009
De agravios y elogios a las letras
De ese tamaño la afrenta al quehacer literario tamaulipeco. De ejercerse dos millones de pesos para festivales de letras... ahora estamos en nada, si, gracias a su gestión.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
viernes, 13 de noviembre de 2009
Un día de estos ...de amor... y en privado
El evento se anunció como privado, aunque las puertas siempre permanecieron abiertas. Cuestión de semántica. A la pregunta de por qué de esta manera, la respuesta es: sin interés oficial de por medio, la literatura continúa. Otros tiempos... otra modalidad.
De la entrada hacia adentro, buena vibra y nada de canibalismo artístico. El poeta vino a leer su poesía, a encontrarse con el lugar y los afectos que crecieron durante seis años de vida desde acá. Sus editores estuvieron el viernes, también el escritor mantense, Carlos Acosta y la promotora cultural tampiqueña Amparo Berúmen, quienes viajaron de sus lugares de origen para hablar a los asistentes (nadie a fuerza, ni acarreado, por cierto) sobre la obra del autor.
Fue un evento entrañable, reencuentro de mucho: letras, amigos, cena, café de olla, tequila, memorias, años sin vernos... la plática fluyó, la risa, la madrugada.
Posdata sobre el libro que a ésta Eva le tocó presentar: Un día de estos el hombre toma la palabra. La pronuncia para contarnos con franqueza desde su privado espacio, las menores cosas que construyen la casa grande del tiempo.
Así, sin habérselo propuesto, un día de estos Arturo Castillo apareció a cuadro en el 2001. Entonces, leía sus breves colaboraciones en un noticiario televisivo de Tampico, pero al paso de los años esa opinión que parecía desvanecerse en segundos se transformó en letra de molde: su columna en el periódico La Razón.
El estudio televisivo y las pocas personas de producción en el piso, o el curso emancipado de las palabras impresas, le daban a Castillo la ilusión de cierto anonimato. La sorpresa vendría luego, cuando gente desconocida para él, lo abordaba con familiaridad para seguir el comentario...
Es que Arturo convirtió la ciudad en un gran escenario de encuentro entre vida diaria, literatura y lector. Todos los textos que, un día de estos fueron leídos ya sea por él o por alguien más en la prensa, remiten a Tampico. A su manera de llegar, crecer, sobrevivir el puerto. Andanzas por lugares concurridos, comunes, que se decantan en sorpresa, florecientes de significado.
Las colaboraciones periodísticas que un día de estos el escritor creyó serían intervenciones efímeras, han dado cuerpo a un nuevo libro, el cual reúne la cuenta de los días que atravesamos distraídos desde el año 2001 al 2006, para detenernos ahora, frente a sus palabras como ante el espejo, ante el aparador, ante nuestros propios recuerdos...
Este ejemplar al cual me refiero, guarda en 376 páginas las exploraciones del autor en la crónica como género periodístico. Narraciones próximas también a la autobiografía, escritas siempre en primera persona con un honesto sentido del humor que no incomoda. Una búsqueda en cabal actitud fática que pareciera a veces nos sigue la corriente, nos reclama, nos confiesa, se burla un poco de nosotros en nuestra cara, se divierte, nos atrapa.
martes, 10 de noviembre de 2009
domingo, 8 de noviembre de 2009
Seis gimnastas por un sueño
Nos conocimos una tarde de Octubre. Lloró breves momentos: la inauguración del aire en los pulmones, el desprendimiento -como gajo maduro- de la misma pulpa que fuimos.
Luego, el territorio cotidiano se pobló con su nombre. Pero esta noche mientras contemplo el teléfono, la recuerdo como si su ausencia viniera de otros tiempos futuros.
El día comenzó muy temprano. Alcanzar las nubes no fue difícil; salimos de la cama, nos vestimos de prisa para llegar al aeropuerto. Su entusiasmo elevó el vuelo, y yo la acompañé el trayecto com
Se preparó para el frío usando calentadores en sus piernas, sobre su leotardo y short de lycra, un pants blanco. Alisó muy bien el cabello con agua y cepillo, enredó su chongo con una liga gruesa. Me descubrió a través del espejo, con esa mirada redonda, contemplando su ritual de iniciación.
Cuando fui niña, pasé al foro muchos lunes a decir el juramento a la bandera, también pronuncié discursos a los héroes y algunos poemas. Gané un concurso de oratoria en mi zona escolar. Otro más e iría a saludar al gobernador, dos más y al presidente de la república. Pero no quise estar lejos de casa, y me dejé vencer sin decirle a nadie que en realidad yo no quería ganar una distancia. En cambio ella me dijo, que se iría como otras ya se han ido, estaría interna para estar con las mejores, viajaría por el mundo, haría su rutina para triunfar haciendo lo que le gusta. Sí vas te harán comer acelgas, le dije, así que sin remilgos comienza a comértelas desde hoy. Me creyó a medias y no las probó.
Lo que si, es que insiste cada tarde entrenar a pesar: de sus pies valgos, el poco crédito en flexibilidad, sus horas de juego, los dolores musculares, la tarea de su escuela, esta torpeza mía para la adulación de sus mentores, el costo de los implementos deportivos, las deficientes instalaciones para el desarrollo de la disciplina, el espacio cada vez más reducido para las gimnastas de rítmica que deja el Parque Siglo XXI.
Nunca antes pasó una noche fuera de los techos familiares, pero la invitaron y allá está ahora, asomándose al universo del alto rendimiento.
Este tiempo juntas, ha sido de crecer. Ella se estira en busca del sol, se desdobla; y a mi eso de las distancias, las alturas, se me da poco, lo mismo que el ejercicio. Si acaso, abro los libros, extiendo las hojas, brinco por los renglones, hago girar ideas, corro detrás de un significado.
Pero ahora espero el timbre de su voz, de su llamada, mientras los minutos se evaporan en el cause anodino para ser colonizados por su palabra. ¿Cómo estás? Le pregunto. Muy a gusto, pero lo mejor es que no te obligan ni con las acelgas ni las espinacas.
Fotografìa Elena Terán