viernes, 25 de septiembre de 2015

BANDER4 DE HEREJES. Tributo de Barbieri




     Bander4 de herejes del poeta peruano Jhonny Barbieri es uno de los libros del invierno austral 2015. Esta primera edición consta de quinientos ejemplares que emergieron en la época fría del año de Lima.
      No podía ser de otra manera.
    En sus páginas uno puede morir muchas veces para renacer con el velo del decoro al descubierto. Barbieri ondea al viento de los tiempos el desenfado de andar por la acera de enfrente, poniendo la palabra de lado de los insurrectos que en sus horas de dudas y certezas hacen que la más oscura realidad brille ante nuestros ojos.
    El recorrido se anuncia desde el epígrafe inicial con la voz de ultratumba de César Moro: “Abrásame en tus llamas, poderoso demonio”. Una vez advertido el lector, los puños de la verdad se abren en tres capítulos [Rey hereje, Soplo divino, Post-Herejía] donde continúan ardiendo los cuerpos de aquellos que se convierten en objeto de culto del autor.
                        “La gran poesía debe ser producto del riesgo absoluto. Los grandes poetas que he aprendido a admirar han hecho esto. Han sido portadores de Dios.” Afirma el escritor peruano cofundador de los grupos intelectuales Noble Katerba (1990) y la MANO Anarka (1995), Jhonny Barbieri.
            Bander4 de herejes es un libro escrito con pluma de cuervos. Jhonny remite a los trazos de los vuelos en picada de Edgar Allan Poe, Verlaine, Bukowski, Saint-John Perse, Hölderlin, Pessoa, Artaud, Cocteau, Nerval, Eluard, Rilke, Celan, René Daumal, Aimé Cesaire, Philippe Soupault, y otros practicantes del descenso veloz, pronunciado, con los que ha tejido la cartografía de su voz.
            La poesía de Barbieri es una de las expresiones de la actualidad literaria del Perú que esta vez conjunta en su voluntad poética, una cadena de fantasmas, un túnel escavado a solas donde se agita la bandera de los herejes hasta el fin de los días”.
Celeste Alba Iris
San Luis Potosí, México/Septiembre 2015.



/ cuatro versiones de Pessoa. Enumeración de la anatomía


Doce bigotes aleatorios. Cuatro heterónimos que se odian. Un reloj que acaba de enumerar el instante del fin. Dos velas para alumbrar el estallido de tus ojos. Trece curvas para salir corriendo de tus colmillos. Un ave próximo a ser vuelo disperso. Veinte barcos anclados esperando morir. Seis cometas que surcan el cielo haciendo una enredadera de posesos. Un árbol sin pulir. Un ataúd al aborde de su putrefacción. Un Pessoa por nacer. Varios caminos borrados para andar siempre presurosos hacia la nada.



Cuando era Bukowski

también me llamaban Bukoswski
y me gustaban los pájaros migrantes que había en la nevera

me gustaba el guiso rojo de pájaros que maría encarnación
cocinaba por las tardes   aquella jovencita de cabellos negros


que cerraba suavemente sus ojos pardos como una muñeca
de trapo frente a mí   cada vez que me miraba me decía


Bukowski ya no bebas más y yo subía a la cama
y sólo deseaba tener el licor dulzón de sus senos ungidos


dos martes y los pájaros vuelan antes de ser comidos
su batir de las me han llevado detrás de maría encarnación


y le he dado besos que nunca me ha pedido
es asqueroso amarla en presencia de las aves


le he quitado sus bragas blancas de jovencita pobre
me picoteaba como las aves de a nevera pero igual


alcé sus nalgas blancas redondas y la hice mía
abrazada a mí lloró por los pájaros violentados


que alzaban vuelo y se rompían en el acto mismo de la fuga
fue la infinitud   la insondable infinitud que nos rodeaba


desde un principio   atrás quedaba maría encarnación
oliendo a poseso quedaba el vértice violáceo


quedaba el ala que echaba vuelo ala nada
me decían Bukoswski cuando iba por la acera de enfrente


comiendo una manzana andrajosa bellamente podrida
la manzana postrera del adiós agonizante siempre


me decían bukowski cuando meaba en la pista como un niño
y alcanzaba el otro extremo de la berma


y las viejas del vecindario me lanzaban palabrotas y piedras
me decían Bukowski cuando reían en los entierros


con mis dientes cariados viendo al muerto que sería de mí
y nos reíamos juntos   he corrido tras el bus dos cuadras


he saltado las barricadas de una casa para dormir
en el jardín rodeado de setos multicolores


he dormido abrazo a un árbol que acaba de crecerle barba
que acaba de eructar largamente   es un árbol ebrio


que no puede sostenerse en pie   sus frutos cuelgan
bajo un cielo raso que anuncia la garúa de mañana


me decían bukoswski cuando iba por el barrio latino con
la bragueta abierta haciendo gárgaras con la coca cola de ayer


deletreando un diario viejo lleno de arrugas
voy calle abajo mirando las tiendas y ese porshe negro


que pasa a gran velocidad con una mulata de ojos grandes
que me ve pasar a gran velocidad mientras las luces de neón


alumbran las calles y una puta vieja me jala en una esquina
para decirme que me vaya con ella y yo la  miro mientras


le tomo la cintura que me recuerda a maría encarnación
sus ojos encendidos me recuerdan a maría encarnación


sus cabellos rugientes me recuerdan a maría encarnación
sus zapatos de tacones altos me recuerdan a amaría encarnación


entonces voy con ella mientras me dice Bukowski mío
y en ese cuarto lleno de estampitas de santos


pienso en maría encarnación
el sexo es lindo pensando en ella


el orgasmo en lindo pensando en ella   la felación es linda
si sólo pienso en ella aunque sea una vieja puta queme esté


succionando el alma   salgo a tierra firme
compro una hamburguesa con queso la vendedora me dice


señor Bukowski son cuatro dólares


no tengo ni un medio en los bolsillos pero trata de ser feliz
mientras camino en el Bronx cantando un country de


Jimmie Rodgers   los policías me cierran el paso sólo
encuentran tristezas y una botella de whisky medio vacía


para mi media llena   llego a casa a una casa cualquiera
no hay perros no hay mujer ni hijos ni maría encarnación


estoy hecho un asco me quito los zapatos
desabotono mi camisa de enmohecidos cuadros azules


mi bluyín lo dejo en el piso
voy al retrete anegado aún de heces


echo pasta dental a mis dientes viejos
el espejo me refleja un rostro ya casi borrado por el acné


entro a la bañera
fumo un cigarrillo mirando la foto de marilyn desnuda


por la ventana es invierno
y cae nieve


los años han pasado y poco a poco
la gente deja de llamarme Bukowski


tintinean las botellas vacías
la soledad de la cama cruje recordando sus placeres
 
por fin soy libre
pienso que por fin seré feliz



/ posthumus. Historia de un ángel

Era un ángel siete veces. Una calle oscura larga rudimentaria. Ojos grandes chicos saliendo del interior para vernos. Una cara sin afeites con dientes fluidos. Desnudo ante el crepúsculo que desnace cada mañana, su mirada hundida su cuerpo envejecido su árbol que ayer se perdió. El ángel en blanco y negro a la sombra de una grafía que borramos para no verlo más. Los rudos que nos circundan están allí simulando estar al otro lado de este espacio inanimado que precede al fin.





Jhonny Barbieri
Lima, 1966. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Federico Villarreal y Sociología en la Universidad Mayor de San Marcos. Ganador del Premio de poesía Taiwán 2011. Es autor de los poemarios Branda (1993), El Libro Azul (1996), MAKA (1999), Jugando a ser Dios (2000), Carne de mi Carne (2002), La Virgen Negra (2003), Libro Hindú (2005), Yo es otro (2007). También ha publicado La Edad de Oro (cuentos, 2010), Corazón de abril (2011), Pampa de perros (novela, 2012) y Rotos todos los cabos (antología poética, 2013). Estudió Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Mayor de San Marcos. Actualmente preside el Proyecto Editorial Independiente Casa Barbieri Editores.

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